La Danza de la Mujer a través de la vida. El ciclo menstrual, embarazo y parto natural, lactancia, menopausia... Vivido con amor, respeto y autoconsciencia.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Proyectos y Clases

¡Otoño, bienvenido! Me encantan tus mañanas fresquitas llenas de rocío y el olor de las chimeneas. Salir andando con mi hijo hacía el colegio, sonrientes y con las mejillas rojas debajo de las chaquetas y bufandas. Me encanta el cálido frío con la que has llegado, pero este año no siento frío. La estufa más potente del mundo late dentro de mí, es ese amor de un ser que crece en mi matriz, el amor más grande y que más calienta. El calor me llega hasta la punta de los dedos y la nariz, y así estoy, disfrutando de tu mañana fría.

Puede aparecer que estoy ausente, pero en mi corazón se gestan muchos proyectos. Os invito a conocer si no lo habéis hecho ya un proyecto tejido con mucho amor e ilusión entre cuatro mujeres: La Luciérnaga con Luz Propia www.laluciernagaconluzpropia.com ahí podéis leer más sobre nuestros pasos y próximos talleres.

Escribo y sueño con un libro sobre danza, que ya poco a poco va cogiendo forma, para cuando sea el momento nacerá a la luz para poder compartirlo con todos vosotros.

Para mí ahora mismo es un momento de trabajar y crear desde la tranquilidad del hogar, las chispas de la chimenea mientras un té calentito me acompaña. No estoy muy lejos, aunque el botón del ordenador se queda sin pulsar, las redes sin visitar. Busco la calidez del encuentro real, las risas, las charlas. Es momento de dejar a mi bebé crecer en simbiosis conmigo, irnos conociendo poco a poco, mientras mis proyectos y próximos pasos se van gestando en mi corazón. Con calma y con fuerza.

Mientras tanto, seguimos con las clases de Danza del Vientre consciente y Yoga en Alhaurín de la Torre.

Yoga para embarazadas todos los martes 17:30-19:00

Yoga los martes y los jueves 19:00-20:15

Danza del vientre consciente los martes 20:30-21:30

Las clases de danza del vientre consciente están abiertas para todas las edades y momentos de tu vida. Si estás embarazada o vienes con tu bebé en portabebé puedes participar y disfrutar de las clases conciliando tu maternidad con la danza.

Para más información me puedes escribir a danzademujer@gmail.com o llamar 607 622 058.

Un cálido abrazo hasta el próximo reencuentro.

lunes, 13 de octubre de 2014

Aquí estoy ahora


Pocas veces he pasado tanto tiempo alejada del blog.
Pero llegan esos momentos en tu vida, cuando todo se te gira 180º, empiezas a cambiar de piel para adentrarte de nuevo en un mundo diferente. Esos momentos requieren contemplación, paz y enraizamiento.

Me he convertido en una oferta de dos por uno. En uno de esos botes de champú que vienen con el acondicionador incluido. O el paquete de cereales con el regalo escondido en su interior. Quizás una manera muy frívola para hablar de tu existencia, pero lo hago con una sonrisa llena de amor :) Estoy feliz de sentirme como un huevo kínder con su sorpresa esperada en su interior.

Invité a un alma habitar en el rinconcito de mi vientre, viniste enseguida y ahora somos un ser fusionado. Un ecosistema como un árbol y su musgo.
Cómo cualquier ser fusionado crecemos juntos y cuando llegue la separación física, nunca volveremos a ser los mismos de antes. Yo soy un poco tú, y tu serás un poco yo. Hemos dejado la huella el uno y en el otro, creando lazos que nos mantendrán unidos para siempre. No sé cómo es tu carita ni tus ojos, pero siento que nos conocemos desde siempre.

Hoy leí un texto que me pareció muy hermosos. No recuerdo el autor, pero hablaba de que los hijos son los únicos que han escuchado nuestro corazón desde nuestro interior. Siempre me ha parecido increíble el amor que una madre siente por sus hijos, y mucho antes de nacer. Pues sí, tu hermano y tu, sois los que habéis escuchado mi corazón desde dentro. Ahí empieza el amor más grande del universo. Con un latido que te acuna en mi vientre para hablarte del mundo y de la vida.
Gracias por honrarme con tu presencia y por enseñarme que el amor que se siente por un hijo no se divide, si no que se multiplica cuando viene uno nuevo.

Donde hay dos, hay lugar para fiestas, risas y bailes. Intercambio y charlas hasta la madrugada. Llantos liberadores para soltar todo aquello que ya no necesitamos, limpiezas profundas para dar espacio para la nueva vida. Pequeño garbancito que ya te convertiste en bebé en mi vientre, no me deja de sorprender cómo pudiste elegir un momento tan oportuno para venir. Ya siento tu calor y tu luz, y ya me llegaron unos poco de los aprendizajes con las que vienes. Igual que cuando nació tu hermano, sé que nunca más volveré a ser la misma persona, porque el aprendizaje es tanto que me hace crecer y florecer.

Mis prioridades han cambiado, ya me estoy preparando para tu llegada. Ya siento que estoy volviendo al mundo de la lentitud, donde la luz del sol que juega con las hojas puede ser lo más hermoso y más hipnotizante del mundo. Me quedo horas contemplando, buscando el silencio, me fundo con la imaginación de tu hermano y suelto el mundo exterior. Ya nada de lo que pueden esperar de mi es lo suficientemente importante. Porque lo único que realmente importa crece entre mis brazos y ahora tú, en mi vientre.

sábado, 19 de julio de 2014

Un suspiro de mí

Hace tiempo que no escribo. Estoy aquí, lejos del teclado, pero cerca de mi ser y mi danza. Hoy os la dedico, en la orilla donde aprendí a nadar, andar, correr... soñar. Contemplando las gaviotas rozar sus alas en la superficie del mar vi por primera vez algo danzar. Ahora, 29 años más tarde la danza sigue. Las gaviotas rozan sus alas, el bosque el suspiro del viento. El atardecer mi cuerpo y el mar la eternidad. Aquí, la danza siempre continúa.

video

martes, 29 de abril de 2014

¿Quieres recibir la luna danzando con nosotras en la playa? Durante los meses de mayo y junio podrás disfrutar de clases de Danza del Vientre en la playa de Churriana (Málaga) todos los domingos de 20:30-22:00. A las 22:00 celebramos una cena compartida a la luz de las velas para quién quiera quedarse.
Mensualidad 25€
Inscripción e más información: danzademujer@gmail.com / tlf 607 622 058


sábado, 12 de abril de 2014

Curso online Menstruación Consciente

¡Llega la versión online del curso Menstruación Consciente! Ahora la distancia y el tiempo no será un obstáculo, podemos compartir juntas durante 4 semanas el camino hacía una menstruación más consciente y saludable. A través de vídeos, ejercicios y encuentros virtuales propongo reconectar con nuestro ciclo menstrual y nuestra pelvis femenina.  Para más información e inscripción: sofia.nikander@gmail.com


jueves, 10 de abril de 2014

Re-evolución de la Mujer



Revolución. No una revolución con lanzas y espadas, sino una re-evolución. Re-aprender lo que somos, nuestros cuerpos y almas. Está por todas partes: blogs, páginas de facebook, columnistas reinventando lo femenino… Si lees esto, es porque también formas parte de ella, la re-evolución. Tenemos que volver a evolucionar. Nuestro cuerpo casi ha olvidado como ser en el mundo. Cómo parir, como andar, como menstruar. Un camino tambaleante: dos pasos hacia delante y uno hacía atrás. Un camino para volver a encontrarnos y recordar lo que significa ser mujer. Porque, a pesar de lo que nos venden, no es amar a los vestidos y los tacones, maquillarse y tomar píldoras para regular las hormonas y tampones para esconder nuestro sangrado. Ni se limita a ser (o no ser) mamá, ser trabajadora, tener pechos, ovarios… no es ser la chica del anuncio de tampones que te promete que te olvidarás por completo que tienes “esos días”. Parece que la sociedad quiere que te olvides de quién eres, para sonreír y bailar en el escaparate. Para los demás. Aprendemos desde pequeñas a convertirnos en maniquíes sin rostro e identidad. Sin sagrado, sin lágrimas, sin sonrisas auténticas que resuenan en tu interior. No hay nada malo con arreglarse, maquillarse y amar los vestidos. Yo también lo hago. Pero lo hago por mi misma. Para honrar mi naturaleza, mi ser. Cuando sangro, observo la belleza de mi sangre rubí, la huelo, pinto con ella, la festejo. Porque no es el único, pero si es uno de los caminos principales hacía mi revolución. Mi re-evolución a ser mujer. 

¿Por dónde empezar? Conecta con tu ciclo menstrual, apunta las emociones y cambios en ti. Respeta tu cuerpo. Cambia las compresas desechables y los tampones para poder oler y sentir tu sangre al mismo tiempo que te cuidas. Compresas de tela, mooncup, sangrado libre... busca tu alternativa. Recolecta tu sangre, huélela, tócala. Pinta un pequeño dibujo en tu agenda con ella. La sangre menstrual no tiene un poder mágico, pero respetarse y conectar con uno mismo es la magia más grande que existe. Te transformará. Prepara un altar para siempre tener un trocito de tu esencia presente, riega una planta con tu sangre y observa la fuerza con que empieza a crecer. Siéntete, ámate. Actos simples pero poderosos. Volveremos a re-evolucionar. Y con nosotras la sociedad. Porque la sociedad somos cada una de nosotras. Tu y yo también. Así de simple. Punto y seguido.

martes, 18 de marzo de 2014

Mi abuela

El olfato guarda los recuerdos del pasado como si fueran ayer. En un instante te transporta hasta algún lugar y tiempo lejano, lo agarras con fuerza mientras una ola de recuerdos te invade. Sólo un pequeño instante y el olor se transparenta y desaparece. Hoy paseamos por las calles de Málaga y al entrar en una tienda de repente sentí a mi abuela. Los jabónes, la humedad del tejado y quizás los cuencos de barro se mezclaron hasta formar el olor incunfundible de mi abuela. Lágrimas empezaron a correr por mis mejillas. Lágrimas de emoción, alegría, tristeza por estar tan lejos de ella. Y al mismo tiempo sorprendida por la magia de la vida que puede recrear un olor tan único, una tarde como está en un lugar como este.
Hace tres meses mi abuela cumplió 90 años. Sé que todavía quedan meses hasta que me vaya a reencontrar con ella, si su cuerpo y alma siguen con su misión en la tierra. Pero poder sentir su olor hoy ha sido un gran regalo. Transformó una tarde cualquiera en una tarde lleno de olores y emociones, que abrieron un par de nudos más en mi interior.

Comparto un texto que escribí sobre ella hace ya unos años. Se quedó grabado en el ordenador, olvidado en alguna carpeta, imposible de borrar por las emociones que retiene pero sin publicar por las heridas aún abiertas. O quizás no son heridas, son los pasos de una niña pequeña llamada Sofía que busca en su abuela las respuestas de la vida y sus propios raíces. 

"Una mañana de agosto lleno de olores. 
Entre sábanas con estampado de flores y el tic tac del reloj en la pared busco su cuerpecito dormido. Una mecha de pelo gris plateado me habla de su presencia, porque sus huesos frágiles y piel arrugada desaparece para dejar el alma de esta gran mujer libre de cuerpo. Desaparece, poquito a poco, de esta vida, para volver a su Casa, su hogar en otras dimensiones. Levanto la manta y encuentro su carita envuleta en un pacífico sueño, duerme como un bebé, despreocupada y frágil. 

Llevo horas llorando sin parar. No es un llanto ni triste ni alegre, tan solo un llanto que tiene que salir, arrastrando consigo corazas creadas durante años de olvido e inconsciencia. Es un llanto con olor a manzanas recién recogidas en la veranda de mi abuela un día de otoño como esta. Es un llanto que lleva consigo el frescor del viento que entra por las grietas de la pared mientras una mujer con la espalda curvada, vestida con un delantal sobre su falda, y un pelo fuerte y gris que se hace rizos sobre unos ojos pequeños de ardilla. Esa mujer que está en cada una de mis células, pero de ella no sé mucho. La siento dentro de mí, sus olores, su carácter, sus miedos y sueños, pero mi razón tan sólo la conoce como mi abuela.
Llevo 18 años viviendo 4000km de mi hogar, el lugar donde nací. Y hoy, entre lágrimas, entiendo que cuando mis padres me llevarona con 8 años a España para crecer aquí me dieron unas alas grandes y hermosas para volar. Me dieron ortunidades y experiencias que no podría haber tenido si no. Pero al mismo tiempo se me arrancaron las raíces que me sostenían erguida, me volvieron a plantar en una tierra árida que mis raíces no conocían ni sentían suyas. Y hoy, mi cuerpo grita poder enraizar en su tierra, sentir el sol que no quema mi piel delicado, el frío que anestesía mi mente que no descansa, sentir las calas y rocas redondas que me enseñaron lo que es la suavidad. Mi cuerpo llora y extraño mi abuela, la que para mí, es la raíz que me podría explicar quién soy.
Traigo a mi memoria la última vez que la ví, una mañana de agosto.

Cuando acerqué labios para besar a mi abuela que dormía aquella mañana de agosto, volví a sentir el olor que resume toda mi infancia, las manzanas en un cesto de mimbre un día fresco de otoño. No había manzanas cerca, y fuera brillaba el sol de agosto. Años de vivencias y limpieza camuflaban el verdadero olor, pero estaba ahí. La besé y la abracé suavemente. Volvería a hacerlo? El día siguiente mis pies volverían a pisar las tierras de Málaga, y su cuerpecito en ese país lejano quizás pronto dejaría de acompañarnos en este mundo. Inhalaba una y otra vez. Necesitaba llenarme de ella, esa mujer que tanto amaba pero que solo mi corazón conocía.

No sé si es cultural o familiar, pero las mujeres de nuestra familia aprendimos que hablar es peligroso. especialmente si es algo importante o emotivo. Porque una vez que decides abrir y dejar fluir todo aquello que tu corazón lleva guardando durante años y años, un manatial de emociones volverá a fluir al superficio y ya no se podrá callar. Así que mudas aprendimos a callar. No hablar, no contar. Guardamos nuestros secretos debajo de alguna piedra en el bosque oscuro, asegurándonos que nadie los encontraría.

Sólo la vejez y la suave demencia hacía que mi abuela a veces hablara. No sólo sobre el tiempo o qué vecino había pasado por la carretera (pasaba los días mirando la carretera de arena que pasaba unos 5o metros de su casa) si no de quién era. Hablaba de los recuerdos que le pesaban, los secretos bien olvidados de la familia, sus miedos y temores. Hablaba de su amor, su risa y sus hermanos.
Las demás personas en la habitación, a menudo intentaban callarla (quién quisiera escuchar a una vieja demente hablando de cosas que pasaron hace más de 70 años?) u otras veces simplemente levantaban las cejar con un gesto de "no le hagas caso, ya no está en las suyas".
Pero yo escuchaba, absorbía cada palabra como una alma sedante de vida. Necesitaba conocerla, amarla, entenderla. Necesitaba saber algo más allá de su piel. Sé que comparto parte de mi sombra con ella, y muchos días me pesa. Me pesa y no soy ni capaz de mirar y entender por qué. Porque no conozco su historia. Con miedo de preguntar intento reconstruir su historia a partir de palabras y historias sueltas, recolectadas durante los años.

Se acerca su cumpleaños y le preparo una tarjeta con palabras llenos de amor pero un poco camufladas para no asustar. Añado un dibujo de mi hijo y unas fotos de momentos juntos. Dentro de mí recorren sensaciones y recuerdos, olores y sabores de mi infancia, de mi leche, de mi tierra. Intento tragar el miedo de dejar el tiempo pasar, sin preguntar, sin intentar abrir esa puerta y mirar por debajo de su piel. Cierro los ojos y pido que nos encontremos en sueño, para compartir todo aquello que no nos atrevemos a compartir despiertos. Y támbién pido que todas las mujeres de la Tierra puedan dar el paso que no me atrevo a dar, preguntar y conocer a sus abuelas. Porque son parte de ellas, y si no llegan a conocerlas nunca se conocerán a sí mismas."

lunes, 17 de marzo de 2014

Mi círculo de mujeres

Tumbada en mi hamaca contemplo la luna casi llena. Hace un par de días brotaron las primeras flores de jazmín y un olor dulce que habla de primavera se mezcla con la tibia noche. Llevo varios días sintiéndome muy agradecida por todo lo que tengo, sintiendo la magia de la vida brotar con las flores en mi jardín. Podría hacer una lista interminable de cosas por las que ahora mismo me siento agradecida, pero hoy, esta noche de temprana primavera quería dar las gracias a mi círculo de mujeres-hermanas que me acompañan en el camino.

Nos conocimos por casualidad, aunque sabemos muy bien que las casualidades no existen.
Junto a ellas he nacido como madre, crecido como persona y me he convertido en mujer. Durante muchos años me sentía perdida porque no encontraba mi lugar en el mundo. Con ellas descubrí mis raíces, que ahora me permiten volar en el mundo sin miedo a perder mi centro.

No siempre pensamos igual, no hacemos las mismas cosas ni tenemos las mismas prioridades. Pero nos respetamos. Nos apoyamos. Nos queremos. Cuando alguien me habla de la envidia que parece existir entre las mujeres, o que siempre compiten entre ellas, me sorprendo. Si, si, también he pertenecido a ese mundo donde las mujeres se pelean como gatas y sólo pueden brillar cuando la otra apaga su luz. Pero desde que tengo a mi círculo de mujeres-amigas-hermanas sé que no es así. No debe ser así. Con ellas he conocido la hermandad entre mujeres. Nos alegramos si la otra tiene éxito o está feliz. Lloramos con ella y la sostenemos si pasa por momentos difíciles. He comprobado en mis propias carnes que la alegría crece cuando es compartida y las tristezas pesan un poco menos cuando hay alguien que te agarra la mano. Hemos pasado por momentos muy dolorosos, pero entre nosotras las palabras y lágrimas pueden fluir, limpiar y con el tiempo sanar.

No hay tabúes. Entre ellas hay un lugar para mí, donde yo puedo ser yo misma, sin máscaras. Explorarme y conocerme, sin miedo a equivocarme.
Esas cosas que no cuento a nadie en sus corazones encuentran un hueco. Un mensaje, una llamada.. una quedada llena de niños, tés y risas. Otras veces lágrimas y abrazos. Nos llenamos con la energía que nace de la fricción entre nuestras almas. Volvemos siendo un poco más enteras.

Juntas celebramos el paso del tiempo. Festejamos embarazos, nacimientos, bodas, enamoramientos. Lloramos pérdidas y creamos un espacio sagrado con simplemente un abrazo y una comida compartida. Otras veces danza y hogueras. Tenemos nuestras propias tradiciones que año tras año van marcando las estaciones y enraizándonos en el mundo.

Contemplo la luna y siento los lazos invisibles que nos conectan. Sé, que cuando vosotras subís vuestra mirada al cielo también me abrazáis. La distancia deja de existir, el tiempo se esfuma en la noche. Gracias queridas hermanas-mujeres de mi vida. Ojalá todas las mujeres encuentren lo que yo encontré en vosotras. Los años pasan y las circunstancias cambian. A veces nos separan miles de kilómetros, otras veces mucho más. Pero cuando nos volvemos a encontrar nos damos cuenta de que nada de eso es real, en el corazón no existe el tiempo ni la distancia.

Gracias Rosa, Fleur, Yasmín, Sonia, Rocío, Carmen y Graziela.