La Danza de la Mujer a través de la vida. El ciclo menstrual, embarazo y parto natural, lactancia, menopausia... Vivido con amor, respeto y autoconsciencia.

sábado, 12 de abril de 2014

Curso online Menstruación Consciente

¡Llega la versión online del curso Menstruación Consciente! Ahora la distancia y el tiempo no será un obstáculo, podemos compartir juntas durante 4 semanas el camino hacía una menstruación más consciente y saludable. A través de vídeos, ejercicios y encuentros virtuales propongo reconectar con nuestro ciclo menstrual y nuestra pelvis femenina.  Para más información e inscripción: sofia.nikander@gmail.com


jueves, 10 de abril de 2014

Re-evolución de la Mujer



Revolución. No una revolución con lanzas y espadas, sino una re-evolución. Re-aprender lo que somos, nuestros cuerpos y almas. Está por todas partes: blogs, páginas de facebook, columnistas reinventando lo femenino… Si lees esto, es porque también formas parte de ella, la re-evolución. Tenemos que volver a evolucionar. Nuestro cuerpo casi ha olvidado como ser en el mundo. Cómo parir, como andar, como menstruar. Un camino tambaleante: dos pasos hacia delante y uno hacía atrás. Un camino para volver a encontrarnos y recordar lo que significa ser mujer. Porque, a pesar de lo que nos venden, no es amar a los vestidos y los tacones, maquillarse y tomar píldoras para regular las hormonas y tampones para esconder nuestro sangrado. Ni se limita a ser (o no ser) mamá, ser trabajadora, tener pechos, ovarios… no es ser la chica del anuncio de tampones que te promete que te olvidarás por completo que tienes “esos días”. Parece que la sociedad quiere que te olvides de quién eres, para sonreír y bailar en el escaparate. Para los demás. Aprendemos desde pequeñas a convertirnos en maniquíes sin rostro e identidad. Sin sagrado, sin lágrimas, sin sonrisas auténticas que resuenan en tu interior. No hay nada malo con arreglarse, maquillarse y amar los vestidos. Yo también lo hago. Pero lo hago por mi misma. Para honrar mi naturaleza, mi ser. Cuando sangro, observo la belleza de mi sangre rubí, la huelo, pinto con ella, la festejo. Porque no es el único, pero si es uno de los caminos principales hacía mi revolución. Mi re-evolución a ser mujer. 

¿Por dónde empezar? Conecta con tu ciclo menstrual, apunta las emociones y cambios en ti. Respeta tu cuerpo. Cambia las compresas desechables y los tampones para poder oler y sentir tu sangre al mismo tiempo que te cuidas. Compresas de tela, mooncup, sangrado libre... busca tu alternativa. Recolecta tu sangre, huélela, tócala. Pinta un pequeño dibujo en tu agenda con ella. La sangre menstrual no tiene un poder mágico, pero respetarse y conectar con uno mismo es la magia más grande que existe. Te transformará. Prepara un altar para siempre tener un trocito de tu esencia presente, riega una planta con tu sangre y observa la fuerza con que empieza a crecer. Siéntete, ámate. Actos simples pero poderosos. Volveremos a re-evolucionar. Y con nosotras la sociedad. Porque la sociedad somos cada una de nosotras. Tu y yo también. Así de simple. Punto y seguido.

martes, 18 de marzo de 2014

Mi abuela

El olfato guarda los recuerdos del pasado como si fueran ayer. En un instante te transporta hasta algún lugar y tiempo lejano, lo agarras con fuerza mientras una ola de recuerdos te invade. Sólo un pequeño instante y el olor se transparenta y desaparece. Hoy paseamos por las calles de Málaga y al entrar en una tienda de repente sentí a mi abuela. Los jabónes, la humedad del tejado y quizás los cuencos de barro se mezclaron hasta formar el olor incunfundible de mi abuela. Lágrimas empezaron a correr por mis mejillas. Lágrimas de emoción, alegría, tristeza por estar tan lejos de ella. Y al mismo tiempo sorprendida por la magia de la vida que puede recrear un olor tan único, una tarde como está en un lugar como este.
Hace tres meses mi abuela cumplió 90 años. Sé que todavía quedan meses hasta que me vaya a reencontrar con ella, si su cuerpo y alma siguen con su misión en la tierra. Pero poder sentir su olor hoy ha sido un gran regalo. Transformó una tarde cualquiera en una tarde lleno de olores y emociones, que abrieron un par de nudos más en mi interior.

Comparto un texto que escribí sobre ella hace ya unos años. Se quedó grabado en el ordenador, olvidado en alguna carpeta, imposible de borrar por las emociones que retiene pero sin publicar por las heridas aún abiertas. O quizás no son heridas, son los pasos de una niña pequeña llamada Sofía que busca en su abuela las respuestas de la vida y sus propios raíces. 

"Una mañana de agosto lleno de olores. 
Entre sábanas con estampado de flores y el tic tac del reloj en la pared busco su cuerpecito dormido. Una mecha de pelo gris plateado me habla de su presencia, porque sus huesos frágiles y piel arrugada desaparece para dejar el alma de esta gran mujer libre de cuerpo. Desaparece, poquito a poco, de esta vida, para volver a su Casa, su hogar en otras dimensiones. Levanto la manta y encuentro su carita envuleta en un pacífico sueño, duerme como un bebé, despreocupada y frágil. 

Llevo horas llorando sin parar. No es un llanto ni triste ni alegre, tan solo un llanto que tiene que salir, arrastrando consigo corazas creadas durante años de olvido e inconsciencia. Es un llanto con olor a manzanas recién recogidas en la veranda de mi abuela un día de otoño como esta. Es un llanto que lleva consigo el frescor del viento que entra por las grietas de la pared mientras una mujer con la espalda curvada, vestida con un delantal sobre su falda, y un pelo fuerte y gris que se hace rizos sobre unos ojos pequeños de ardilla. Esa mujer que está en cada una de mis células, pero de ella no sé mucho. La siento dentro de mí, sus olores, su carácter, sus miedos y sueños, pero mi razón tan sólo la conoce como mi abuela.
Llevo 18 años viviendo 4000km de mi hogar, el lugar donde nací. Y hoy, entre lágrimas, entiendo que cuando mis padres me llevarona con 8 años a España para crecer aquí me dieron unas alas grandes y hermosas para volar. Me dieron ortunidades y experiencias que no podría haber tenido si no. Pero al mismo tiempo se me arrancaron las raíces que me sostenían erguida, me volvieron a plantar en una tierra árida que mis raíces no conocían ni sentían suyas. Y hoy, mi cuerpo grita poder enraizar en su tierra, sentir el sol que no quema mi piel delicado, el frío que anestesía mi mente que no descansa, sentir las calas y rocas redondas que me enseñaron lo que es la suavidad. Mi cuerpo llora y extraño mi abuela, la que para mí, es la raíz que me podría explicar quién soy.
Traigo a mi memoria la última vez que la ví, una mañana de agosto.

Cuando acerqué labios para besar a mi abuela que dormía aquella mañana de agosto, volví a sentir el olor que resume toda mi infancia, las manzanas en un cesto de mimbre un día fresco de otoño. No había manzanas cerca, y fuera brillaba el sol de agosto. Años de vivencias y limpieza camuflaban el verdadero olor, pero estaba ahí. La besé y la abracé suavemente. Volvería a hacerlo? El día siguiente mis pies volverían a pisar las tierras de Málaga, y su cuerpecito en ese país lejano quizás pronto dejaría de acompañarnos en este mundo. Inhalaba una y otra vez. Necesitaba llenarme de ella, esa mujer que tanto amaba pero que solo mi corazón conocía.

No sé si es cultural o familiar, pero las mujeres de nuestra familia aprendimos que hablar es peligroso. especialmente si es algo importante o emotivo. Porque una vez que decides abrir y dejar fluir todo aquello que tu corazón lleva guardando durante años y años, un manatial de emociones volverá a fluir al superficio y ya no se podrá callar. Así que mudas aprendimos a callar. No hablar, no contar. Guardamos nuestros secretos debajo de alguna piedra en el bosque oscuro, asegurándonos que nadie los encontraría.

Sólo la vejez y la suave demencia hacía que mi abuela a veces hablara. No sólo sobre el tiempo o qué vecino había pasado por la carretera (pasaba los días mirando la carretera de arena que pasaba unos 5o metros de su casa) si no de quién era. Hablaba de los recuerdos que le pesaban, los secretos bien olvidados de la familia, sus miedos y temores. Hablaba de su amor, su risa y sus hermanos.
Las demás personas en la habitación, a menudo intentaban callarla (quién quisiera escuchar a una vieja demente hablando de cosas que pasaron hace más de 70 años?) u otras veces simplemente levantaban las cejar con un gesto de "no le hagas caso, ya no está en las suyas".
Pero yo escuchaba, absorbía cada palabra como una alma sedante de vida. Necesitaba conocerla, amarla, entenderla. Necesitaba saber algo más allá de su piel. Sé que comparto parte de mi sombra con ella, y muchos días me pesa. Me pesa y no soy ni capaz de mirar y entender por qué. Porque no conozco su historia. Con miedo de preguntar intento reconstruir su historia a partir de palabras y historias sueltas, recolectadas durante los años.

Se acerca su cumpleaños y le preparo una tarjeta con palabras llenos de amor pero un poco camufladas para no asustar. Añado un dibujo de mi hijo y unas fotos de momentos juntos. Dentro de mí recorren sensaciones y recuerdos, olores y sabores de mi infancia, de mi leche, de mi tierra. Intento tragar el miedo de dejar el tiempo pasar, sin preguntar, sin intentar abrir esa puerta y mirar por debajo de su piel. Cierro los ojos y pido que nos encontremos en sueño, para compartir todo aquello que no nos atrevemos a compartir despiertos. Y támbién pido que todas las mujeres de la Tierra puedan dar el paso que no me atrevo a dar, preguntar y conocer a sus abuelas. Porque son parte de ellas, y si no llegan a conocerlas nunca se conocerán a sí mismas."

lunes, 17 de marzo de 2014

Mi círculo de mujeres

Tumbada en mi hamaca contemplo la luna casi llena. Hace un par de días brotaron las primeras flores de jazmín y un olor dulce que habla de primavera se mezcla con la tibia noche. Llevo varios días sintiéndome muy agradecida por todo lo que tengo, sintiendo la magia de la vida brotar con las flores en mi jardín. Podría hacer una lista interminable de cosas por las que ahora mismo me siento agradecida, pero hoy, esta noche de temprana primavera quería dar las gracias a mi círculo de mujeres-hermanas que me acompañan en el camino.

Nos conocimos por casualidad, aunque sabemos muy bien que las casualidades no existen.
Junto a ellas he nacido como madre, crecido como persona y me he convertido en mujer. Durante muchos años me sentía perdida porque no encontraba mi lugar en el mundo. Con ellas descubrí mis raíces, que ahora me permiten volar en el mundo sin miedo a perder mi centro.

No siempre pensamos igual, no hacemos las mismas cosas ni tenemos las mismas prioridades. Pero nos respetamos. Nos apoyamos. Nos queremos. Cuando alguien me habla de la envidia que parece existir entre las mujeres, o que siempre compiten entre ellas, me sorprendo. Si, si, también he pertenecido a ese mundo donde las mujeres se pelean como gatas y sólo pueden brillar cuando la otra apaga su luz. Pero desde que tengo a mi círculo de mujeres-amigas-hermanas sé que no es así. No debe ser así. Con ellas he conocido la hermandad entre mujeres. Nos alegramos si la otra tiene éxito o está feliz. Lloramos con ella y la sostenemos si pasa por momentos difíciles. He comprobado en mis propias carnes que la alegría crece cuando es compartida y las tristezas pesan un poco menos cuando hay alguien que te agarra la mano. Hemos pasado por momentos muy dolorosos, pero entre nosotras las palabras y lágrimas pueden fluir, limpiar y con el tiempo sanar.

No hay tabúes. Entre ellas hay un lugar para mí, donde yo puedo ser yo misma, sin máscaras. Explorarme y conocerme, sin miedo a equivocarme.
Esas cosas que no cuento a nadie en sus corazones encuentran un hueco. Un mensaje, una llamada.. una quedada llena de niños, tés y risas. Otras veces lágrimas y abrazos. Nos llenamos con la energía que nace de la fricción entre nuestras almas. Volvemos siendo un poco más enteras.

Juntas celebramos el paso del tiempo. Festejamos embarazos, nacimientos, bodas, enamoramientos. Lloramos pérdidas y creamos un espacio sagrado con simplemente un abrazo y una comida compartida. Otras veces danza y hogueras. Tenemos nuestras propias tradiciones que año tras año van marcando las estaciones y enraizándonos en el mundo.

Contemplo la luna y siento los lazos invisibles que nos conectan. Sé, que cuando vosotras subís vuestra mirada al cielo también me abrazáis. La distancia deja de existir, el tiempo se esfuma en la noche. Gracias queridas hermanas-mujeres de mi vida. Ojalá todas las mujeres encuentren lo que yo encontré en vosotras. Los años pasan y las circunstancias cambian. A veces nos separan miles de kilómetros, otras veces mucho más. Pero cuando nos volvemos a encontrar nos damos cuenta de que nada de eso es real, en el corazón no existe el tiempo ni la distancia.

Gracias Rosa, Fleur, Yasmín, Sonia, Rocío, Carmen y Graziela.

domingo, 2 de marzo de 2014

Expresión y Danza

Te invitamos a probar una nueva propuesta en Raíces Espacio (Alhaurín de la Torre) los viernes 10:00-11:30

Unas clases para profundizar en la expresión a través del movimiento, el autoconocimiento del cuerpo y la creatividad. Liberamos, sentimos y danzamos… dejamos que la danza se convierta en algo más que una coreografía o unos pasos estructurados. Añadimos ese ingrediente extra que lo convierte en una danza lleno de sentimientos y pasión. La danza pasa a ser una manera de expresar, de sentirnos, de contar nuestras propias historias al mundo. Ahí, donde cada movimiento es único y auténtico, lleno de historia y sentido.
No importa si no hayas bailado jamás, o si vienes de otra danza. Cada uno trabaja en su nivel, buscando su camino en la danza.

Más información:

sofia.nikander@gmail.com
tlf. 607 622 058

jueves, 16 de enero de 2014

Sexualidad femenina

En el colegio nadie me explicó que la sexualidad femenina era distinta a la de los hombres. En realidad no sé habló de la sexualidad. El profesor sacó tartamudeando un plátano y un condón del maletín, nos enseñó como ponerlo y luego empezó a hablar de óvulos y sangre. Nadie se atrevía a mirar a nadie, y más de uno tiñó sus mejillas de rojo tomate. En el colegio no nos aclararon nada, y lo que necesitábamos saber (creíamos) ya lo habíamos aprendido de MTV, las revistas de moda y lo que nos contaban las demás. Pero en ningún momento se nos habló de la sexualidad desde una perspectiva femenina, que no fuera "cuidado que te puedes quedar preñada y entonces lo has jodido". Más bien se nos transmitió quizás inconscientemente que en el fondo las mujeres ni desean ni necesitan sexo. Y los hombres si, a todas horas, como sea y con quién sea. ¡Cuánto daño no se ha hecho ya a la sexualidad tanto femenina como masculina.. ya es hora de que cambie! Así que uno mi voz a tantas otras que escriben sobre lo mismo: sexo. Con el fin de que nos quitemos las ideas rígidas y anticuadas de lo que es la sexualidad. Quitar los tabúes y hablar abiertamente no es suficiente, porque eso ya lo hemos hecho durante años. Seguimos hablando de sexo desde una perspectiva masculina, o como si estuviéramos ovulando 30 días al mes. Cómo si el deseo del coito y el orgasmo fuera lo único importante. Es tan sólo una faceta, una milésima parte de lo que es la sexualidad femenina.
Nuestro ciclo sexual es mucho más que eso. Se va transformando a lo largo del mes, a lo largo de los años, dependiendo de la etapa de la mujer. Los orgasmos dependen del ciclo menstrual, la intensidad, la forma, la altura... el deseo, y el objeto de deseo igual.


Mi ciclo sexual

Ovulación
Quizás es la faceta de la sexualidad femenina más conocida, la que decoraba las banderas de guerra de la liberación de las mujeres. Mujeres a quienes les gusta el sexo, disfrutan y desean. Viviendo en una sociedad patriarcal como estamos, seguimos atados a un falocentrismo que asusta, donde el coito y el pene tienen el protagonismo absoluto. Cuando conseguimos deshacernos de eso, cada una en su intimidad y sus fantasías para empezar, podremos disfrutar de verdad más allá de lo que es el placer genital.
Pero en los días ante de ovular el deseo es hacía fuera, destinado hacía una cosa: el orgasmo y el disfrute corporal. El simple roce del pantalón contra mi vagina es placentero. Ver unas manos fuertes o un trocito de barriga me pone a cien en pocos segundos.  Los que teneis gatos y perros veréis el parecido cuando van con la cola hacía el lado, andando hacía atrás buscando al macho... parece que gritan "¡¡aquí, aquí está el agujero!!". Bien más o menos, así busco a mi pareja, me rozo con su pierna, maullando como un gato. Todo mi ser biológico grita que ahora estoy fértil, ahora podemos poner nuestro granito de arena (o esperma) para salvar la humanidad. (Nada más escribir esto leo una entrada de Erika Irusta en su blog: http://www.elcaminorubi.com/el-blog/354-hetera-ovulando-aten-a-sus-perros.html Me tuve que reír a carcajadas, parece que estamos ovulando en el mismo momento y si, por lo menos muchísimas mujeres nos sentimos así en esta fase)

Premenstrual
Pasada la ovulación el fuego interno se apacigua. Suele nacer en mi un deseo distinto, destinado a cuidar, cuidarme y a los míos. Cuidar las semillas de mi vida. Disfruto en la bañera viendo el juego de la espuma y el agua sobre mi rodilla. Siento mi cuerpo desnudo, el goce de mi misma dentro de mí. El deseo es calmado y sensual. Disfruto del suave roce del otro cuerpo, la compenetración, el convertirnos en uno.

Menstruación
Durante los días de sangrado el deseo cambia. Se transforma. No es directo ni lineal como en la ovulación, si no caótico y animal. No desea cuerpos humanos ni piel, si no olores fuertes, lobos, tierra... Son unos pechos hinchados debajo de una blusa sin sujetador, pezones rígidos, faldas anchas, tambores y sangre. No tiene forma, no tiene color. No está dirigido hacía el orgasmo ni lo necesito. (si no lo quiero usar para aliviar alguna molestia o tensión en el útero o los ovarios). Andar descalza y enterrar los pies en el barro, recolectar mi sangre y pintar algo con ella, es erótico y sensual, erótico y sexual. Más que nunca. Nace en el submundo y sale de mi garganta como el aullido de una mujer-loba. Una faceta de la sexualidad femenina tan malentendida, tan escondida, tan tabú.  te sientes poderosa, fuerte, sexual. Casi destructiva. La Diosa Kali que reina sobre la muerte, hermosa y lleno de erotismo.


Parto y lactancia

Recuerdo la primera vez que vi las palabras "sexualidad" y "parto" en la misma frase. Tenía a mi bebé de pocos días amamantando en mi pecho mientras navegaba entre blogs y páginas sobre parto y crianza. Leía el párrafo una y otra vez. Ya no recuerdo quién lo había escrito, pero más o menos hablaba de que el parto era uno de los momentos más importantes del ciclo sexual femenino, el más fuerte y potente. Por qué nadie me había contado eso antes? De repente entendía por qué mi parto avanzaba tan lentamente, por qué después de haber dilatado 10 cm me llevaron al quirófano para hacerme una cesárea. Si el parto debería ser una experiencia sexual ya me había encontrado con varios problemas. Primero, que sexualmente no me conocía ni me respetaba ni disfrutaba ni... en fin, estaba tan desconectada de mi cuerpo y mi propia sexualidad como podría haber estado. (Cómo, cuando empecé a mirar a mi alrededor, la mayoría). Y segundo, si el parto debería ser una experiencia sexual... cómo creen en serio que eso podría funcionar entre médicos, matronas que entran y salen, pinchazos, miedos, luz tensa... Ahí empezó mi camino hacía mi misma, hacía mi propia sexualidad.
Descubrir los partos orgásmicos un tiempo después fue como una afirmación, claro, así es como debería ser. La sexualidad no torna alrededor de un pene. Ni los partos alrededor de un médico. Pero mientras seguimos desconectadas de nuestra sexualidad cotidiano, nuestros partos y embarazo seguirán siendo momentos incontrolables y insoportables donde necesitamos la ayuda de la medicina para poder parir. Tan sólo piensa en lo doloroso que es un coito si no estás excitada y dispuesta. El parto implica las mismas hormonas, los mismos músculos, los mismos órganos. Si no estás excitada y dispuesta, si no tensa y llena de miedos, ¿cómo no va a doler?

Luego, unos meses más tarde leí en el libro de Carlos Gonzáles "Bésame mucho" cómo el hecho de dar el pecho en algunas mujeres les llevaba al orgasmo. Sí, yo también podía percibir ese cosquilleo en mi interior (que luego, años más tarde aprendí que era mi útero que palpitaba con el chute de oxitocina que se liberaba). Algo tan tabú, parece tan perverso por el hecho de haber un bebé (TU bebé) de por medio. Pero es la naturaleza femenina, igual de aceptable y hermoso que cualquier otra cosa. Y lo más importante, es tan sólo una faceta más de la sexualidad femenina.

Igual, la sexualidad masculina no creo que pueda ser tan limitado y falocentrado como nos lo venden. Tan lineal, tan comprimido en un sólo órgano. No lo creo, y si hay algún hombre que lee esta entrada estaré encantadísima de leer su experiencia. Porque deshacernos de ideas limitadoras y anticuados es nuestro deber como mínimo, para poder transmitir la visión de una nueva sexualidad, respetuosa y sana, a nuestros hijos.

domingo, 12 de enero de 2014

¿Dolor menstrual?

Empecé escribiendo esta entrada con una idea totalmente distinta de lo que acabaría siendo. Quería escribir una entrada sobre posturas y movimientos que alivian el dolor menstrual, pero se convirtió en otra cosa (ya dedicaré una entrada aparte a eso). Suele pasar. Tienes una idea en la cabeza pero mientras escribes las palabras e ideas empiezan a fluir desde otro lugar y dejas de razonar. El texto nace.

¿Dolor menstrual? Yo también.  De vez en cuando también convivo con lo que difusamente llamamos "dolor menstrual". Hace años, ese termino difuso de dolor que compartíamos casi todas mis amigas y yo, se convirtió para mí en un diagnóstico de ovarios poliquísticos y endometriosis después de pasar una noche en urgencias debido al fuerte dolor pelviano. Entonces entendí que tenía que cambiar algo, buscar la respuesta a mi dolencia en mi interior. Empecé a conectar con mi útero a través de la danza del vientre. Luego empecé a hacer relajaciones del útero casi a diario. Leí todo lo que encontraba sobre el ciclo menstrual y aprendí sobre mi sangre y mis arquetipos en varios cursos y talleres. Sí, el dolor desaparecía poco a poco. Se transformó. Se convirtió en palabras y emociones, en una nueva conexión con mi cuerpo femenino. Descubrí el impacto del estrés sobre nuestro útero y ovarios, lo importante que es escucharse y sentirse. Un efecto secundario fueron los orgasmos intensos, la posibilidad de poder controlar la sangre menstrual y no tener necesidad de usar compresas o tampones, y poder sentir mi útero palpitar cuando me emociono.  Algo, que creo que todas las mujeres estamos diseñadas para sentir y experimentar, si no fuera por la ignorancia y desconocimiento que cubre nuestra sociedad.

A veces vuelvo a tener un dolor difuso durante la menstruación. Aparece cuando estoy demasiado cargada de trabajo y autopresión... o simplemente no estoy en el aquí y ahora como debería estar. Pero en vez de tomarme una pastilla para aliviarlo, intento escuchar lo que mi cuerpo me quiere decir. Si escucho atentamente mi cuerpo no tiene necesidad de gritar en forma de dolor.

No soy médico. No sé las causas biológicas de los dolores menstruales, pero por mi propia experiencia y las experiencias de muchas mujeres en mis talleres y a mi alrededor he sacado algunas conclusiones.

1) El dolor menstrual debido al estrés, la autopresión y la competividad.
Antiguamente se solía decir que la endometriosis era la enfermedad de la mujer trabajadora. La sufría las mujeres que competían en un mundo patriarcal por demostrar su valía. Por querer hacerlo todo, abarcarlo todo. Tantas, tantas veces he comprobado como el estrés influye negativamente en el dolor menstrual. Muchas veces basta con parar el ritmo y escucharse. Si siento que el dolor que tengo es de ese tipo sé lo que tengo que hacer. Unos minutos de relajación y luego bajo la atención a mi pelvis. Actúo y siento desde ahí para evitar la competividad y presión que nace en la mente. Digo a las personas que tengo a mi alrededor que mi cuerpo necesita descanso y me deshago de todas las obligaciones posibles. Me dejo estar. Me acepto.

2) Dolor menstrual debido a un útero tenso.
El útero es un músculo liso. No la podemos controlar voluntariamente, pero igual que el corazón es afectado por nuestras emociones también lo es el útero. Si sentimos miedo nuestro corazón se acelera. No podemos voluntariamente bajar el ritmo, pero todos sabemos que si nos relajamos, el ritmo del corazón también enlentecerá. Cuando sentimos miedo nuestro útero se contrae y aunque no podemos relajarlo voluntariamente podemos hacerlo relajándonos y relajando los músculos alrededor. Igual que todas las emociones afectan a nuestro corazón, también afectan a nuestro útero. El útero en muchas culturas es llamado el segundo corazón, es de ahí donde nacen nuestros hijos y proyectos. Es un órgano vivo que es afectado por todo lo que pasa en el resto del cuerpo.  

3) Un útero lleno de sangre menstrual que necesita vaciarse.
Desde hace un año no uso tampones ni compresas si no lo que suelen llamar sangrado libre. Consiste en controlar el fluyo de la sangre, sentir cuando el útero está lleno y necesita vaciarse y en ese momento dirigirse al baño y soltar la sangre. Cuando el útero está lleno de sangre empieza a mandar mensajes al cerebro a través del cuello del útero que funciona como un esfínter. Si no vacías la sangre manda señales más fuertes, incluso dolorosas. Lo suelo comparar con cuando tienes muchas ganas de orinar o defecar pero te aguantas. Primero el cuerpo te manda señales suaves, pero luego es casi doloroso si te sigues aguantando. Con el sangrado menstrual pasa lo mismo.
Entonces, como yo creo firmemente en que todas las mujeres están diseñadas para poder controlar su sangrado menstrual, ¿qué pasa cuando sus úteros se llenan de sangre pero la mujer no recibe o entiende el mensaje que le manda su útero? ¿Cada vez sentirá ese dolor punzante hasta que se produce la descarga y se llena la compresa o el tampón de sangre? Si es así, quizás gran parte del dolor menstrual que sentimos es sólo eso, un mensaje natural y útil de nuestro cuerpo que no sabemos descifrar.

Ojalá se pudiera destinar dinero y esfuerzo para investigar las causas del dolor menstrual y cómo funciona el sangrado de verdad. No la parte puramente biológica que ya conocemos, si no la raíz del problema. Para mí, es imposible separar el cuerpo físico del cuerpo energético y emocional, y la científica y la psicología ya ha reconocido la importancia de las emociones y el estrés sobre tantas enfermedades y órganos del cuerpo. A qué estamos esperando para reconocerlo también cuando hablamos de la menstruación? El día a día de tantas mujeres que está controlado con hormonas y pastillas, que quizás mejoraría con simplemente concienciarse y conectar con sus cuerpos femeninos a otro nivel.



martes, 12 de noviembre de 2013

El miedo y el ciclo vida-muerte-vida

El patriarcado y el miedo a lo incontrolable. El matriarcado y la confianza en lo desconocido.

Nuestro mundo está construído basándose en el miedo. Los niños no pueden estar solos, este parto está tardando demasiado así que haremos una cesárea, tomamos analgésicos y calmantes para no sentir dolor ni agitaciones mentales, cerramos las casa y coches con llaves y alarmas para que nadie pueda robarnos, vacunamos, prevenimos, nos preocupamos, nos llenamos de miedo... ¿De qué queremos salvarnos? ¿Qué intentamos controlar? ¿Lo incontrolable? ¿La muerte? La muerte que es parte de la vida, lo incontrolable que te hace fluir con la vida.
No pretendo que dejemos todas las normas de seguridad. No quiero decir que dejemos de usar cascos ni cinturones, hacer pruebas médicas o poner normas para las barbacoas en verano. Por supuesto que no. Pero nuestra mundo no debería construirse sobre el miedo y la evitación. Ojalá pudieramos